02/09/2022

Las palabras mágicas

Por: Beatriz Martínez García

Aldous Huxley dijo alguna vez "La antigua idea de que las palabras tienen poderes mágicos es falsa; pero esa falsedad implica la distorsión de una verdad muy importante. Las palabras tienen un efecto mágico... aunque no en el sentido en el que suponían los magos, ni sobre los objetos que éstos trataban de hechizar. Las palabras son mágicas por la forma en que influyen en la mente de quienes las usan"

Hace unos días, una persona me comentaba que la forma en que le hablaba su jefe le había empezado a hacer dudar de sus propias capacidades. Cómo le explicaba, cómo le marcaba los errores y la forma en cómo se comunicaba diariamente, había impactado de tal manera en su cabeza, que se sentía que no era capaz de entender determinadas cosas de su propio trabajo.

Hace años incluso, yo misma sentí - después de algún tiempo de relacionarme con un jefe con un estilo de gestión muy controlador – que había perdido la capacidad de pensar. A pesar de los años que han pasado, recuerdo haberle dicho a mi esposo en ese momento “siento que perdí un pedazo de mi cerebro”.

 A veces no nos damos cuenta de que algo que sale tan rápido de nuestra boca pueda tener un impacto tan largo y profundo en nosotros mismos o en otra persona. Pero así es: las palabras son mágicas; construyen (o destruyen) mundos. Tienen la enorme capacidad de desencadenar reacciones emocionales a veces inimaginables. Las palabras rara vez son neutrales. Algo que parece tan básico sigue siendo muy complejo.

En realidad toda nuestra vida corre entre conversaciones; todo sucede a través de conversaciones. Las conversaciones son tan esenciales en las organizaciones, que el chileno Fernando Flores nos propone mirar (a las organizaciones) como “redes recurrentes de compromisos humanos que pasan por el lenguaje”.

La Inteligencia Conversacional (concepto que Judith E. Glaser desarrolla con profundidad en su libro del mismo nombre), es una competencia que es necesario desarrollar si queremos construir organizaciones más “sanas”, en un mundo que no para de moverse. Glaser sostiene que "el siguiente nivel hacia la excelencia depende de la calidad de nuestra cultura, que depende de la calidad de nuestras relaciones, que, a su vez, depende de la calidad de nuestras conversaciones".  Todo está estrechamente interrrelacionado; todo pasa a través de conversaciones.

Pero además, las palabras, son tan mágicas que pueden cambiar tu cerebro. Según Andrew Newberg y Robert Waldman (autores de “Las palabras pueden cambiar tu cerebro”) una sola palabra negativa puede incrementar la actividad de la zona de la amígdala en el cerebro (estructura localizada en el lóbulo temporal y encargada de controlar el miedo). Si una palabra es sentida como un riesgo, activará a la amígdala, que podrá liberar grandes cantidades de hormonas de estrés y alarma. “Las palabras con connotaciones negativas envían mensajes de alarma a tu cerebro y cierran parcialmente el área del razonamiento de los lóbulos centrales”, sostienen los autores.

Por ese motivo, entre otros J. Glaser sostiene que la inteligencia conversacional nos da el poder para influir en nuestra neuroquímica. Las conversaciones tienen el poder de cambiar el cerebro, dice, ya que estimulan la producción de hormonas y neurotransmisores, estimulan los sistemas del cuerpo y las vías nerviosas, “no sólo en el momento de la conversación, sino también, en ocasiones, durante toda la vida”.

Con las palabras que elegimos para interactuar (o los gestos, porque no todo es lenguaje verbal), tenemos el poder para influir en nuestra forma de interpretar la realidad. Si logramos entender cómo determinadas conversaciones impactan en nosotros (conversaciones con otros y conversaciones con uno mismo), podremos acercarnos a conocer cómo escuchamos, cuál es nuestra manera de interpretar y en definitiva cómo nos paramos frente al mundo.

La calidad de las relaciones depende de la calidad de las conversaciones, sostiene J. Glaser. Si ponemos foco en que las personas en nuestra organización “conversen mejor”, fortalecerá la calidad de nuestras conversaciones, el trabajo en equipo, el clima de trabajo, y seguramente será uno de los pilares para construir una cultura más sana. 


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